¿Ricky Rosselló 2024? - Parte IV



Segundo Dilema: ¿Quiénes tiene la primacía representativa en el tropo “Pueblo de Puerto Rico” del esquema colonial del ELA?

(3ra parte aquí)


Este segundo dilema abordaremos precisamente la representación de las necesidades puertorriqueñas o a quiénes se representa cuando se habla del “Pueblo de Puerto Rico” (PPR). Iré directo al grano. La narrativa y la experiencia de vida que prepondera dentro del tropo “PPR” es, por mucho, la de clase media “mestiza/hispanista/mulata”.


¿Cuáles fueron las condiciones materiales para la creación y sostenimiento de la clase media puertorriqueña moderna? La clase media es creación directa de los dos modelos de acumulación que ha tenido el capital estadounidense en PR desde el inicio de la industrialización en 1950 hasta la crisis sistémica de acumulación (Gráfica 2) comenzada en el 2006, a saber:


  1. vía la producción de bienes de exportación para USA con la extensión del capital estadounidense manufacturero 1950-1975;

  2. vía el endeudamiento y la inflación de los activos financieros con la extensión del capital financiero 1995-2015; 

  3. un periodo intermedio donde coexistieron los dos modelos (1975-1994) el primero en un largo ocaso y el segundo en su extendida consolidación que se dio paralelamente y simultáneamente mediante la aprobación (1975) y eliminación (1995) de la exención de impuestos de USA a las empresas estadounidenses en Puerto Rico (PR), mejor conocida como las 936. 


De igual forma, la formación de la clase media puertorriqueña es paralela a la expulsión de lo que será: 1) la clase empobrecida moderna puertorriqueña que quedará fuera de la economía formal y 2) la enorme población emigrante puertorriqueña en USA (hoy más de 5 millones en USA y de apenas 3.1 millones en el archipiélago borincano). Que quede claro en este artículo, no puede existir la moderna clase media en el esquema económico colonial del ELA sin la expulsión sistemática de, al menos, la mitad de la población. La suma de lxs emigrantes, desempleados (que nunca el desempleo ha bajado del 10% anual) y de la población fuera de la fuerza laboral representan, como mínimo, la mitad de la población con potencial de actividad económica.


Empero, el relato de progreso del Pueblo de Puerto Rico (PPR) se monta desde la narrativa, la experiencia de vida y las preocupaciones de la clase media hispanista. Y es hispanista, por dar un solo ejemplo, porque no es hasta muy reciente que esa clase media visualizó a lxs puertorriqueñxs emigradxs a USA, y que no manejaban el español como primer idioma, como fuera de la definición de “PPR” en virtud de que eran los elementos hispanos los definitorios de ese PPR. Esa primera oleada migratoria entre 1950 a 1960 constituyó, no solo el 22% de la población de 1950, sino una gran cantidad de mulatos y negros. Esa experiencia de vida de lxs emigrantes de PR, (experimentada vía el racismo que vivieron en USA, la separación de su tierra y de sus familias, del ajuste y la resistencia cultural que tuvieron que hacer en una tierra que para ese entonces era extraña) no es parte de la narrativa del tropo “PPR”, según delimitado por el esquema colonial de Estado Libre Asociado de PR (ELA). La diáspora no-clasemediera (de ayer y de hoy) no existe en el relato del PPR del ELA.


Si hoy en día se incorpora la diáspora boricua en el tropo PPR es porque está más a tono a la definición clasemediera de PPR del ELA (que abordaremos más abajo). Recordemos, las primeras oleadas migratorias fueron los empobrecidos expulsados del proceso de industrialización que no pudieron transformarse en clases medias modernas. En cambio, las últimas oleadas migratorias, ya a partir del año 2000, cuentan con el relato clasemediero de personas que, viendo perder sus privilegios socioeconómicos en PR, emigran a USA para mantener su estatus económico y su “Good Standing” frente a las que permanecen en el archipiélago borincano. Es esa diáspora clasemediera, ya insertada en las lógicas de ONGs gringas y del gobierno estadounidenses, que regresa a PR con la voluntad de comando (tan característica de esta clase), la que viene a traer progreso y derechos a los “pobres e incivilizados” del archipiélago borincano, insertándolos como minorías en las lógicas de la metrópolis. A pesar de todo esto, se sigue invisibilizando el relato de lxs emigrantes empobrecidxs en las nuevas oleadas, los cuales continúan siendo la mayoría.¹


La otra experiencia, que no es parte de la narrativa que emana del complejo institucional educativo-mediático del esquema ELA, son la población informalizada y sometida a la dependencia de las transferencias federales (alrededor de un 43% de la población). No importa que en el proceso de industrialización aumentara la falta de oportunidades económicas, la drogadicción, la violencia, la disolución familiar, la falta de vivienda de calidad y propia y de servicios esenciales entre las clases empobrecidas. No importa que las clases empobrecidas no tuvieron acceso al sistema financiero y no se beneficiara de la inflación de los activos locales (como sí hizo la clase media), hoy paga la misma culpa que la clase media con la reducción de los servicios estatales y la falta de oportunidades económicas. Los gobiernos de ELA negaban (y niegan) sistemáticamente dicha experiencia brutal de vida a través de la reproducción de una misma política económica fallida que sostiene por más de 70 años y que, por tanto, sigue reproduciendo tal experiencia. ¿Por qué niegan este hecho el gobierno de ELA? La respuesta está relacionada al primer dilema ya expuesto en tanto que la pobreza y la no-modernidad son inherentes a lo puertorriqueño. Pero también porque el punto central de las políticas de atracción de capital estadounidense seguía siendo la reproducción de un puñado de la población convertida y mantenida como “clase media”. Para las clases empobrecidas la economía informal (y a veces ilícita), la mano dura contra el crimen, la dependencia a fondos federales, la burocratización/control extensiva de sus relaciones sociales/personales (por obtener “ayudas”), la violencia institucional por discriminaciones a su condición de clase/raza, el escarnio público por no comportase y actuar como “clases medias” y el engaño político-populista no fue únicamente su forma de vida, literalmente fue su única opción (o la emigración). Las canciones de violencia que escuchábamos de “undergroud”, y ahora de reggaetón, son precisamente parte de la experiencia de vida de las clases empobrecidas puertorriqueñas muchas veces censuradas por discursos moralistas clasemediero que invisibiliza su exclusión histórica/estructural. Pero esa experiencia ha sido marginal en la narrativa que describe el PPR.


Gráfico 1


¿Y qué es lo constituye la mentalidad clasemediera expresada en el tropo PPR del ELA? 


Este tema da para solo un artículo, empero, lo abordaré “brevemente” en éste. Comenzaré citando al sociólogo puertorriqueño, Emilio Pantojas-García (1990: 87-88) el cual mencionaba sobre los efectos de la política económica de importación de capital estadounidense manufacturero y de exportación de bienes a USA (mejor conocido como Operación Manos a la Obra, comenzada en 1950), que:


  1. Los ejes de la acumulación del capital estadounidense se movieron de la agricultura a fracciones pequeñas y medianas manufactureras. La reestructuración del proceso de acumulación estaba completada.

  2. La burguesía local se adoptó a la nueva estrategia local.

  3. La relación colonial [vía el nuevo Estado Libre Asociado] fue reestructurada, permitiendo un mayor rol a la tecnocracia del Partido Popular en la gobernanza [de PR].

  4. El surgimiento de las “clases medias” se convirtió en la base del apoyo político de los nuevos ajustes económicos y políticos.

  5. Un gran sector de la población trabajadora fue excluido del proceso productivo y expulsado del país a través de la emigración. Tal expulsión disminuyó las presiones políticas y económicas que pudieron amenazar la viabilidad del nuevo acuerdo colonial.

  6. Las condiciones inmediatas de las clases trabajadores no-desplazadas mejoraron, proveyendo una legitimación adicional al emergente orden social” (Negrillas mías)


Este muy sucinto resumen del trabajo de Pantoja nos da pie para abordar las bases autobiográficas de la clase media puertorriqueña las cuales son la espina dorsal del tropo PPR del ELA. Éstas parten de tres entendidos: 1) su productividad inherente, 2) su representatividad máxima de lo puertorriqueño mediante un hispanismo caribeñista (la trilogía de razas) y 3) su civilismo o credenciales civilizatorias. Es decir, son ellas las que son productivas y trabajadoras, las que sostienen el buen gobierno y la que mejor representan discursivamente lo mejor de la cultura del país a nivel internacional.


Empero, su definición de productividad se origina precisamente del discurso del capital estadounidense. Por ejemplo, y esto es muy típico del discurso clasemediero puertorriqueño, a medida que el trabajador clasemediero se aleja del sector privado exportador extranjero, sus dotes de “productivo” disminuyen, siendo el trabajador público el menos productivo de todos lxs trabajadores clasemedieros. El trabajador público llega a convertirse, inclusive, en un obstáculo para el bienestar económico. Por supuesto, tal discurso se ubica en los sectores “burgués” y trabajador clasemediero de las empresas privadas. Empero, tanto empleados públicos y privados y el sector burgués clasemedieros, partiendo de sus "dotes" inherentemente productivistas, observan a las personas empobrecidas que se encuentran económicamente informalizados, o dependientes de las transferencias públicas, como “vagas”, “cuponeras” (que reciben cupones de alimento) e “improductivas” que viven a cuesta de ellos, a pesar de que son las transferencias de USA, y no las de PR, las que permiten esta estabilización social/colonial. Ignoran esta clase media que gran parte de esos fondos federales permiten la reproducción de su condición de clase por vía de sus empresas de comercio minorista e importadoras, del empleo privado y público y de la contratación por parte del gobierno estatal de sus servicios relacionados indirecta o directamente al manejo de fondos federales. Por eso reiteramos que no puede existir la clase media del esquema del ELA sin que constantemente se produzcan los mal llamados “cuponeros”.   


Su civilismo se fundamenta en sus niveles de educación que replica en modismos (en formas de comportamiento), en un tipo de conocimiento (casi siempre profesional) con el cual dan legitimidad a su identidad personal/social (donde reclaman tanto derechos socioeconómicos, porque pagan impuestos, como posiciones de mando por sus dotes de civilizados/educados/profesionales) y en un sentido de responsabilidad ciudadana (o de orden social) con poquísima solidaridad social. Para la clase media del ELA educarse es garantía de derechos civiles y políticos exclusivos. Si las clases empobrecidas gozan de bienes o servicios que la clase media tiene restringido, el reclamo de estos últimos no es universalizarlos, sino confinarlos solo para ellos por su condición “productiva y educada”. Cumplir con el pago de impuestos es sinónimo de privación de servicios públicos, es decir, los derechos se compran, no son inherentes a la condición de ciudadanos de ELA; y, quien no paga impuestos, tiene que estar despojado de derechos. La consciencia clasemediera, por tanto, tenderá a dudar de las capacidades (de significar y comprender la realidad) y de los derechos de las clases empobrecidas puertorriqueñas. La deshumanización de su otredad interna es una característica de la consciencia clasemediera. Ese derecho exclusivo se extiende al derecho de mando (los candidatos independientes a la gobernación Manuel Cidres y Alejandra Lúgaro son ejemplos elocuentes) en tanto que son ellas quienes tienen que ser alzadas por las clases empobrecidas para que gobiernen el país, precisamente, porque son las que “saben”, a pesar de que no tengan ni idea cuales son las condiciones de posibilidad estructural, simbólicas e históricas que las mantienen como identidad/clase/raza.


Un ejemplo de lo que explicamos aquí es su reclamo para la auditoría de la deuda. Si hoy la clase media pide a gritos la auditoría de la deuda pública es por la sed de justicia que tienen ante la pérdida de privilegios socioeconómicos, a manera de ilegalizar (con el derecho colonial) la deuda que los empobreció. Olvidan que su empobrecimiento es una experiencia de vida reciente, ante el desmontaje de los modelos de acumulación manufacturero extranjero y financiero local, del cual las clases empobrecidas puertorriqueñas apenas participaron. Una autoría de la deuda, y la potencial ilegalización de una parte del endeudamiento, no resuelve ni ápice la exclusión histórica de las clases empobrecidos puertorriqueñas. Por eso no es extraño la frustración que siente esta clase social ante la falta de movilización política de las clases empobrecidas, precisamente, porque estas últimas no se identifican con sus intereses y encuentra que sus sensibilidades históricas no son tomadas en cuenta por las mentalidades clasemedieras. El tropo clasemediero PPR, simplemente, no es apelante para las clases empobrecidas tanto dentro como fuera de PR.  


Por último, la clase media también se atribuyen como el principal representante de la cultura/identidad puertorriqueña. La trilogía racial (español, indio, negro) es la perfecta narrativa para legitimar internamente la posición geopolítica de PR. Es decir, la identidad del PPR revalida la posición de “periferia del centro” o la posición de PR respecto a su relación colonial con el centro económico de la economía-mundo capitalista: USA. En otras palabras, la identidad codificada del PPR se construye en dos oposiciones simbólicas, a saber: ni es “negra” ni tampoco “blanca”. No es ni “tercermundista” ni “primermundista”. Es muy cotidiano en PR que un(a) puertorriqueñx con piel muy oscura se le considere dominicano o haitiano, o con piel muy clara, un estadounidense o europeo (dependiendo del color de ojos y pelo). En este sentido, la identidad codificada del PPR del ELA es una construcción interna "mestiza/mulata" la cual valida la construcción geopolitica de PR. Es decir, es geopolítica en el sentido que PR está a medio camino de “ser” (o entre) un país “tercermundista/negro” y “primermundista/blanco” como parte de ser centro del sistema mundial pero como su periferia. Así entramos a la lógica interna donde un sector de la población presume que si PR se separara de USA, los puertorriqueños caerían a un estado de “negritud”, o tercermundismo, tal cual Haití. Contrariamente, otro sector de la población presume que si se incorporase políticamente a USA se caería en un estado de “blancura”, o primermundista, implicando la desaparición del “PPR” o su identidad “mulato/hispanista/mestizo”. “Lo mejor de dos mundos” no es solamente un discurso oficial de ELA. Es un enunciando identitario con un profundo valor geopolítico que ubica identitariamente a PR en el mapa del sistema mundial. Una identidad mulata/hispanista/mestiza que se acomoda excelentemente a las condiciones económicas de la clase media puertorriqueña, vía la eterna política económica que garantiza el monopolio del capital estadounidense y la existencia de esta clase (excluyendo a la mayoría de la población), para la reproducción de la posición de “periferia del centro” de PR.


También esta misma dinámica no-negra/no-blanca geopolítica se da en el sentido de la producción cultural dentro de PR. Por ejemplo, una cosa es cuando se toca la música afroboricua de bomba por la clase media y otra bien distinta es para los afroboricuas. Para la primera, le sirve con el fin de reafirmar la identidad (geopolítica) de ELA en tanto es un demarcador folklórico diferenciador de lo que es puertorriqueño en tanto no-blanco o, en el contexto de PR, simplemente no-USA. En cambio, para los afroboricuas (que no han sido absorbidos por la mentalidad clasemediera) significa resistencia contra tanto el racismo interno puertorriqueño como la asimilación hispanista clasemediera y para revalidar a sus ancestros. Además, para la clase media puertorriqueña la música bomba, no es inteligencia/conocimiento, es meramente un conjunto de toques que generan ritmo. Para los afroboricuas (que no se han asumido clasemedieros) es una música que sana, cuenta historias de su experiencia de vida y es vehículo de integración comunitaria y ancestral. Los toques son mensajes, frecuencias de conexión, formas de comunión, no meramente tipos de ritmos. El significado culturalista clasemediero de PPR responde tanto a la posición privilegiada interna de la clase media, frente quienes no lo son, y a la posición externa de ELA (“entre medio de”) en donde excluye sistemáticamente otras formas de concebir lo comunitario, ancestral y colectivo en el tropo PPR y relegitima el colonialismo interno y la posición de “periferia del centro” de PR. 


Las recientes protestas contra el exgobernador Rosselló estuvieron enmarcados dentro del enunciado PPR. Aunque las propias protestas demostraron a todas luces una falta de sintonía entre la clase política y la población, fundamental en el esquema colonial de ELA, aún no han trascendido el tropo clasemediero colonial de PPR. Y, si no trasciende este tropo, sus participantes principales serán la clase media colonial con poca movilización de las clases empobrecidas donde existe un mayor potencial de transformación sistémica. Por supuesto, las protestas contra el ya exgobernador Ricardo Rosselló fueron nutridas, alimentadas y mantenidas por el sector juvenil de la clase media venida a menos de PR. Son estos sectores de la clase media quienes pueden trascender su condición de clase/raza y ayudar impulsar una nueva construcción del Pueblo de Boriké/Puerto Rico ante las condiciones “objetivas” para lograr un diálogo entre clases/razas.


Próximo y última parte:


¿Qué Hacer? Ruptura Generacional: ¿Construcción de un Nuevo Sujeto Político?




¹ Para confirmar este dato véase este informe de la Junta de Planificación de Puerto Rico:



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